Nos escribió un chico que quería algo que su pareja no se esperase por los 40. La idea que trajo era buena desde el principio: no un retrato, sino una escena en casa, en el comedor, con ella, el hijo y el gato.

El detalle que lo cambió

Hablándolo salió que el niño cumplía un año esos mismos días. Así que dibujamos dos pasteles: el de ella, con el 40, y el del pequeño, con un 1. De esta manera la caricatura no celebra un cumpleaños sino una semana concreta de aquella familia, y eso es lo que la hace difícil de repetir.

Cada personaje con lo que es suyo

A ella la dibujamos leyendo, que es lo que le gusta hacer. Al padre, con auriculares, escuchando música. Y al niño, estirando la cola del gato, porque la escena necesitaba algo que hiciera reír. Añadimos banderolas de fiesta para situarlo todo.

El boceto primero

Como siempre, antes de entintar y pintar le pasamos el boceto por si había que mover algo. Lo aprobó tal como estaba. Días después nos escribió para decirnos que a ella le había gustado mucho, y que lo que más había valorado era que estuviese dibujado a mano.

Esta es la parte del trabajo que no se puede enseñar en un catálogo: la caricatura no sale de una foto, sale de una conversación sobre quién es esa persona.