En muchas casas hay alguien que no sale en la foto enmarcada del comedor y sale en todas las del móvil. Cuando ese alguien es un perro o un gato, el regalo que funciona no es una taza con la raza estampada: es él, con su mancha, su oreja caída y el rincón del sofá que nadie le discute.
Casi siempre nos llega por la misma puerta. Alguien nos escribe para encargar la caricatura de toda la familia y, en la última línea del correo, añade «y el perro también tiene que salir, ¿eh?». Esta página es para ese «y el perro también».
Tres maneras de que salga
La primera es el retrato del animal solo, que es el que acaba colgado en el recibidor. Se dibuja con lo que es suyo alrededor —el jardín, el cojín, la manta de cuadros, la cesta de la bicicleta— porque un animal recortado sobre un fondo de color plano podría ser de cualquiera.
La segunda es la que más nos pedís: la caricatura de toda la casa, con las personas y los animales en el mismo plano. No como un detalle en una esquina, sino en medio, que es donde están.
Y la tercera es convertirlo en personaje de una historia: una aleluya con su vida en versos, un cómic con la aventura que contáis siempre, o un cuento a medida donde ella tiene nombre en la portada. Aquí ya no es el retrato de lo que es, sino el relato de lo que ha hecho.
Lo que no sale en ninguna foto
La raza la sabemos dibujar. Lo que no podemos adivinar es cómo se sienta, qué roba de la mesa, dónde se mete cuando truena y qué cara pone cuando sabe que ha hecho una travesura. Eso nos lo tenéis que contar vosotros, y es exactamente lo que hace que quien abre el paquete reconozca al animal antes de leer ningún nombre.
Los dibujos de esta página son el ejemplo. El perro de la salchicha no es «un pointer»: es el que fue pillado con la cena en la boca y que todavía pone cara de no haber estado nunca ahí. El bulldog no lleva jersey porque quede bonito, sino porque así es como va por el pueblo, dentro de la cesta de la bicicleta. Y la gata blanca no se sienta sobre un fondo: se sienta en su jardín, con la campana, la fuente y los tulipanes que hay de verdad.
Cuatro líneas escritas de cualquier manera ya nos sirven. Vale más «se mete entre el sofá y la pared cuando hay tormenta y solo come si la miran» que media página describiendo el pelaje, que eso ya lo vemos en las fotos.
Formatos y precios
El formato habitual es la caricatura, y el precio va por el número de protagonistas: 70 € uno, 80 € dos, 90 € tres, 100 € cuatro y 130 € cinco, y sigue subiendo hasta veinte. Decidnos quién tiene que salir —personas y animales— y os confirmamos el precio exacto antes de empezar nada.
Os la podemos entregar de dos maneras, y vale la pena saberlo antes de pedirla. Por defecto es un archivo de alta resolución que os descargáis e imprimís donde queráis: no hay paquete y no se paga envío. La acuarela es otra cosa —un original pintado sobre papel, que sí os llega a casa— y cuesta 40 € más hasta cinco protagonistas, 70 € hasta diez y 100 € a partir de ahí.
Si lo que queréis contar es su vida y no hacer el retrato, la aleluya son de ocho a doce viñetas con pareados rimados, desde 160 € con ocho y 15 € más por cada viñeta de más. El cómic va por páginas: 160 € hasta cinco, 175 € hasta diez y 190 € hasta quince.
Y si la historia es larga de verdad, está el cuento a medida: 325 €, tapa dura, con el guion construido con vosotros y todas las ilustraciones hechas desde cero. Es el formato de esas casas donde el animal ya tiene leyenda propia y los críos se la saben de memoria.
Cuando la mascota ya no está
Una parte de los encargos que nos llegan son de animales que ya han muerto, a menudo de hijos que quieren hacer un regalo a sus padres. Los hacemos a menudo y los hacemos con cuidado, y no hace falta que pidáis disculpas por las fotos: las del móvil, viejas, movidas u oscuras, sirven.
Si tenéis pocas, escribidnos igualmente y miramos qué podemos hacer antes de que encarguéis nada. Lo que necesitamos es verle bien la cara en alguna, y que nos contéis cómo era de carácter —porque lo que la familia reconoce no es el pelaje, es la mirada y la postura.
Con cuánto tiempo
Contad unas quince jornadas entre el taller y la entrega, y el reloj empieza cuando tenemos las fotos, no cuando se paga. Si el regalo tiene fecha, decidnos cuál es cuando escribáis: si no llegamos, vale más saberlo el primer día.
Para empezar necesitamos dos o tres fotos donde se le vea bien la cara, alguna de cuerpo entero si queréis que salga toda, y las cuatro líneas de antes. Las fotos son solo referencia para que Xevi lo dibuje a mano: en el regalo no se imprime nunca ninguna fotografía.




