La mayoría de caricaturas que nos encargan son de una persona. Las que más nos gusta hacer son las otras.

El horno

Una hija nos encargó la caricatura de su madre, la matriarca de un horno de pan que todavía trabaja de manera artesana. La idea era suya y era buena: no dibujarla a ella sola, sino dibujar el negocio entero tal como funciona.

Había una fecha que no se podía mover — el cumpleaños caía el día de hacer cagar el tió y teníamos que entregarla antes para que llegase a tiempo. Estas cosas conviene decirlas de entrada.

La casa entera

Una chica nos escribió para sorprender a su pareja y acabó pidiéndonos una caricatura con toda la casa: él, ella, la hija y las mascotas. Nos dijo después que él no se lo esperaba en absoluto.

Los perros y los gatos son negociables sobre el papel e innegociables en la práctica. Si viven en casa, salen.

El de las series

Y hay quien no va de familia sino de mundo propio. Unos clientes nos encargaron la caricatura de un chico apasionado de la fantasía y de las series, y el dibujo acabó siendo tan suyo como lo habría sido un retrato.

Cuánta gente cabe

Cuantos más personajes, más horas, y el precio lo refleja. Pero la escena gana: una persona sola sonríe; una familia hace algo. Y es lo que hace que la gente se pare a mirarla.