Durante años, en el estudio pintamos las caricaturas con el ordenador. Seguía siendo dibujo a mano —el trazo lo hacía Xevi, no un filtro— pero el color era digital. Ahora hemos decidido dar un paso atrás y volver a los orígenes: lápiz, repasado con tinta china y pintado con acuarela.

El motivo es la inteligencia artificial

Hoy ya no se puede saber si la imagen que tenéis delante la ha hecho alguien o la ha generado una máquina. Nosotros, que vivimos de dibujar, no le vemos ninguna ventaja: el trabajo ha bajado. Y la respuesta que nos parece honesta no es competir en velocidad, es hacer visible aquello que una máquina no puede hacer.

Una caricatura sacada de una foto con IA sale en segundos y se parece. Pero todas se parecen entre ellas: falta la decisión humana de qué se exagera y qué se respeta. Esa decisión es, literalmente, el trabajo.

Qué cambia para vosotros

Podréis elegir la técnica. Si queréis la caricatura en digital, para imprimirla donde os convenga, la seguimos haciendo. Si queréis el original pintado con acuarela, ahora también. El proceso es el mismo: dos fotos donde se vea bien la cara, una conversación sobre quién es la persona —el trabajo, las aficiones, la mascota, esa expresión que dice siempre— y un boceto que os pasamos antes de acabar nada.

Lo que no cambia es quién dibuja. Lo hace Xevi, como siempre, y si el boceto no se parece lo rehacemos hasta que se parezca.