De todos los motivos por los que nos encargan una caricatura, el de la jubilación es el que sale mejor. Y creemos saber por qué: es el único donde lo que se celebra no es una fecha sino un trabajo.

La peluquera

Nos escribió una hija que buscaba un regalo para su madre, que se retiraba después de toda una vida detrás de la silla. No queríamos un retrato: la dibujamos **dentro** de la peluquería, rodeada de todo aquello que había tenido al lado cada día durante años.

Esa es la diferencia. Un retrato dice cómo es una persona; una escena dice cómo ha vivido.

El médico

El otro nos lo encargó un grupo de médicos de un hospital para un compañero que se jubilaba. Los encargos de equipo suelen salir bien porque llegan con los detalles ya recogidos: entre veinte personas siempre hay alguien que recuerda la frase que repetía siempre.

Si lo tenéis que encargar vosotros

Recoged tres cosas entre el equipo antes de escribirnos: dónde trabajaba exactamente, qué tenía siempre en la mesa y alguna frase que dijese. Con eso ya hay caricatura.

Y contad el tiempo. Una jubilación tiene fecha fija y el taller necesita su margen; dejarlo para la última semana es la manera más segura de no llegar.