De todos los cuentos a medida que hemos hecho, este es de los que recordamos mejor, y no por cómo quedó sino por quién lo encargó: un grupo de padres y madres de una escuela de primaria, para el maestro de sus hijos, que se jubilaba.

Un homenaje, no un regalo

Lo que querían no era un detalle de despedida sino explicarle su propia trayectoria: los años que había dado clase en aquella escuela, y él de protagonista rodeado de los niños a quienes había enseñado. Un cuento a medida sirve para esto porque no hay historia previa: la historia es la de la persona.

Cómo se construyó

Con lo que nos contaron los padres y madres escribimos el texto, y lo pasamos para que lo validasen antes de dibujar nada. Después llegaron las fotos y Xevi dibujó al maestro y a los alumnos desde cero. Mostramos los bocetos, se hicieron los cambios necesarios y el cuento fue a imprenta.

El día que lo recibió

Quienes nos lo habían encargado nos escribieron para decirnos que se le había escapado alguna lágrima. Esta es la parte del trabajo que no sale en el presupuesto.

Un cuento a medida no es solo para niños. Los que más nos han hecho pensar han sido para adultos mayores, donde lo que se cuenta es una vida entera.