La cara es la mitad del trabajo. La otra mitad es todo lo que hay alrededor, y es lo que hace que quien la recibe diga «pero ¿cómo sabíais esto?».
Cuando nos encargáis una caricatura os pedimos cuatro cosas que no salen en ninguna foto: de qué trabaja, qué hace los fines de semana, si tiene mascota y si hay alguna frase que repite siempre. Con eso se dibuja la escena.
Una mujer que cumplía sesenta
Los familiares nos dijeron tres cosas de ella: que era castellera, que trabajaba en un archivo y que cultivaba un huerto. Las tres entraron en el dibujo. Ninguna de esas tres cosas se ve en una fotografía, y las tres son ella.
Un chico que cumplía dieciocho
Este era de Barcelona y enamorado de la Sagrada Familia, así que la pusimos de fondo. También salieron la camiseta del Barça, un balón y —porque se insistió— sus comidas preferidas: entrecot con patatas y hamburguesas.
Ese detalle de las comidas es el tipo de cosa que hace reír a los de casa y no le dice nada a nadie más. Precisamente por eso tiene que estar.
Un hombre que cumplía cincuenta
Nos lo encargó su sobrina, que quería agradecerle que le hubiese hecho toda la instalación eléctrica del piso. Lo dibujamos con la ropa de trabajo de electricista, la bicicleta y el Barça.
Aquí el regalo cuenta dos cosas a la vez: quién es él y qué le debe ella. Eso no lo hace un objeto comprado.
Una mujer que cumplía cuarenta
Una amiga suya nos pidió una caricatura sorpresa y trajo la idea del fondo: un fotograma inspirado en «Dirty Dancing». A veces el detalle que lo ata todo no es una afición, es una broma de hace veinte años.
Lo que sacamos de esto
Que cuanto más concreto nos lo contéis, mejor sale. «Es simpática y le gusta viajar» no da para dibujar nada. «Hace castells y tiene un huerto» sí.




