Los cuentos a medida no fueron una idea de despacho. Salieron de una pregunta de un cliente.

La pregunta

Aquel hombre contaba cada noche a sus hijos un cuento que se había inventado él, y nos escribió para saber si podríamos ilustrarlo. Para nosotros era un reto: no habíamos hecho nunca un libro que no partiese de una historia conocida, y quería decir escribir y dibujar todo desde cero.

La idea nos gustó lo suficiente para convertirla en un producto. Desde entonces es lo que hacemos cuando alguien quiere un libro que no existe en ningún sitio.

Lo que hemos aprendido por el camino

Que el cuento a medida no es para niños. Los encargos que nos han hecho pensar más han sido para adultos, y a menudo para gente mayor: cumpleaños redondos donde lo que se cuenta es una vida entera, con el trabajo, el pueblo y la familia dentro.

Y que a veces sirve para cosas que no son celebrar. Hay encargos que llegan en momentos difíciles, y el libro acaba haciendo de recuerdo. Estos los hacemos con mucho cuidado y no los mostramos.

Por qué seguimos haciéndolos

Un cliente nos lo dijo mejor de lo que sabríamos decirlo nosotros: debe ser bonito trabajar en un trabajo donde haces feliz a la gente. Es bastante eso.