Una jubilación no se celebra con un reloj. Se celebra recordando cómo era esa persona en el trabajo: la bata, la herramienta que siempre llevaba encima, la taza de café de siempre, los compañeros de la planta. Eso es exactamente lo que dibujamos.

Qué solemos poner

El lugar de trabajo reconocible —el taller, el mostrador, la cabina, el aula—, los objetos que todo el mundo asocia con esa persona y, si queréis, los compañeros que le hacen el regalo. La gracia no es solo que se le parezca: es que quien la conoce identifique la escena antes de leer ningún texto.

Los detalles que mejor funcionan son los que costaría explicar a alguien de fuera: la camiseta de un equipo, un perro, la bicicleta con la que venía cada día, la manía de llevar siempre dos bolígrafos en el bolsillo. Si nos lo contáis, sale.

Caricatura, aleluya o cómic

Para una jubilación la caricatura es el formato más pedido: una sola escena, grande, para enmarcar y colgar. Funciona cuando hay una imagen clara que resume a la persona.

La aleluya cuenta una trayectoria. Son ocho viñetas o más, cada una con un momento: el primer día, el traslado, el año en que pasó aquello que todos recuerdan. Es el formato para quien ha estado treinta años en la misma casa y tiene demasiada historia para un solo dibujo.

El cómic va un paso más allá y cuenta una historia seguida, con diálogos. Tiene sentido cuando la anécdota es lo bastante buena como para merecer páginas.

Cuánto cuesta

Una caricatura empieza en 70 € con una sola persona y sube según la gente que dibujemos: 80 € con dos, 100 € con cuatro, 130 € con cinco, 160 € con ocho. Una aleluya son 160 € con ocho viñetas, y 15 € por cada viñeta de más. Un cómic va por tramos de páginas, de 160 € a 190 €.

En todos los casos podéis pedir el acabado en acuarela, pintado a mano. No es un suplemento fijo, porque pintar no cuesta lo mismo según el tamaño: en las caricaturas son 40 € más hasta cinco personas, 70 € hasta diez y 100 € a partir de ahí; en las aleluyas y los cómics, de 35 € a 60 € según cuántas viñetas o páginas sean. El precio exacto con el número de personas o viñetas que necesitéis lo podéis calcular vosotros mismos en la ficha de cada producto.

Cómo funciona cuando hay una cuadrilla

La mayoría de encargos de jubilación los hace un grupo de compañeros a medias, y eso no complica nada. Nos escribe una persona de contacto, nos pasáis las fotos y los detalles entre todos —normalmente salen de un grupo de WhatsApp— y nosotros tratamos siempre con quien queráis.

Si el regalo lo hace la empresa y hace falta factura, decídnoslo al principio y os la hacemos con los datos fiscales que nos paséis.

Cuándo hay que pedirlo

Contad unas 15 jornadas de taller y envío. No es tiempo en una cola: es lo que tarda en hacerse un dibujo a mano, desde el boceto hasta la tinta. Si ya tenéis fecha de despedida, pedidlo con tres semanas de margen e iréis tranquilos.

Si nos lo pedís con el tiempo justo, decídnoslo igualmente: a veces podemos reorganizar el trabajo. Preferimos deciros que no llegamos antes que arriesgarnos a hacerlo deprisa.

Las fotos que necesitamos

Una foto de la cara bien iluminada de cada persona que salga. No hace falta que sean profesionales ni recientes: las de móvil van bien. Si tenéis del lugar de trabajo, del uniforme o de la herramienta que siempre llevaba, mejor todavía.

Las fotos son solo referencia para que Xevi dibuje a mano: no se imprimen nunca en el resultado. Una vez entregado el encargo, las borramos.

El error que vemos más a menudo

Querer poner demasiadas cosas. Una caricatura con quince objetos alrededor deja de leerse. Cuando nos paséis la lista, decidnos qué tres cosas no pueden faltar; el resto las colocamos si el dibujo lo pide.

Y si no es una jubilación de empresa

También nos los encargan para quien deja un cargo, se va de una entidad después de años o se retira de un oficio que no tiene fecha oficial de jubilación: un médico de cabecera, quien ha llevado la coral del pueblo, un agricultor que vende las tierras. El planteamiento es exactamente el mismo.