En el estudio dibujamos sentados y con tiempo. De vez en cuando, en cambio, salimos a dibujar delante de la gente, y es otro trabajo.
De esta boda nos escribió el novio. Traía una idea en la cabeza y le faltaba alguien que la dibujase: quería que los invitados no se fuesen solo con el recuerdo de la fiesta, sino con algo en la mano.
Cómo fue
Se hace mesa por mesa, durante el banquete o el café. Cada persona se sienta un momento, se deja mirar y se va con su caricatura acabada, en papel y firmada. Unos minutos por cara.
Es la parte del oficio donde no se puede corregir. En el estudio, si un boceto no se parece, se rehace; aquí el trazo tiene que salir bien a la primera y con alguien mirándote por encima del hombro.
Por qué funciona
Porque no es un regalo de la pareja a los invitados, es una excusa para que la gente se mezcle. Se hace cola, se ríe de la caricatura del vecino y la gente que no se conoce acaba hablando.
Y al final todos se llevan un papel. Dentro de diez años, los detalles de la fiesta se habrán borrado y aquel dibujo seguirá en algún cajón.




